La pieza está a oscuras, el reflejo del computador emite una débil luz que baña un triángulo de habitación. Las ventanas de msn, reclaman la atención del individuo que está reposando boca arriba. Las cortinas están semi abiertas, afuera el frío parece congelar a medio camino, las moscas y mosquitos que deboran el aire nocturno. Y parece que se pudiera sentir, por ahí en el montón de libros, fotocopias, y cuadernos. Se levanta hacia el mueble donde está el televisor, busca la magnifica cajetilla de cigarros; decidido a romper las reglas, prende uno de aquellos 20 condenados. Al otro lado de la red, una estufa a electricidad consume lentamente las energías de la tierra, se escuchan copas y voces incoherentes suben como espiral. Le comenta que está fumando en la pieza, ella se asombra, él le explica que ha prendido una vela. ¿Una vela? Un viejo mito, algo así como una tradición, casi una leyenda. Que aquella luz de vela, espanta y crucifica el humo grosero del cigarrillo, que se cuela y mezcla en todo. Ella le explica, que la vela ha de consumir el oxígeno. Terrible idea se cruza por la cabeza de ambos, él en su desesperación se consume el pitillo blanco de una sola vez, el humo se ha condensado formando una gruesa capa irrespirable. Se levanta espantado, la vela resbala, se prende el cobertor. La nicotina ha retardado las sinapsis, los movimientos de él se vuelven torpes. Se marea y cae. Ella horrorizada, no halla que hacer, msn no le contesta, el celular manda al buzón de voz, intenta levantarse y correr en busca de ayuda; pero está amarrada a la silla. Uno de sus primos pequeños le ha jugado una mala broma. Todo es caos.
-Amor, eres hiponcondríaca.
-Sé que la vela consume el oxígeno.
-Si, pero eso no justifica que muera calcinado.
sábado 25 de julio de 2009
jueves 23 de julio de 2009
Temo volverme loca por varios motivos. El primero de ellos, es que este tiempo sin activar mis neuronas para absorver un documento con 15 páginas y creer que han sido cien, y de esas 50 no he entendido nada, me ha dejado sin ganas de participar en nada. El segundo, se refiere a que debo poner la radio para completar mi apetito musical. Pasando al tercero,me encuentro que pienso en tenerle fobia a la cama, para arrancar de ella y no quedarme mirando por lo que queda de ventana. En el cuarto lugar, tenemos la comida. La alimentación empeoró hace una semana, y no he tenido el valor para detener los impulsos que van desde mi estomágo a mis manos, y la mandíbula que no para. Por otro lado, también esta la lista de las cosas que odio, ya empiezo a detestar mi problema atencional; no es que quiera igualar a los hombres o que de ello me sienta orgullosa, no puedo concebir mi atención en dos cosas distintas.
Mi mamá capto mi pensamiento fugaz, cuando tomabamos once. Fue extraña la sensación, como si ella pudiera ver a través de mi lo que pensaba. Con esto, entiendo perfectamente todo el miedo que vi en mis compañeros, cuando empezé a comentar lo que veia... mas allá de lo normal. Bueno, ella esquivpo el tema, y apuntó que no necesitamos de palabras para entendernos entre nos, entre brujas. Y menos, entre una madre e hija bruja.
Dentro de las cosas que estoy odiando, fue mi sobredosis de amiga por 5 días. Me dejó atascada en algun lind y tranquilo lugar de la playa, sin ganas de hablar, de comentar ni siquiera lo necesario. Sigo así, y terminaré explotando. Lata,puede que ocurra en el metro o en algún público, la gente tednría que comentar al llegar a sus casa, y otros reclamarían por el desorden,la suciedad, otros menos odiosos abririan una nueva causa para defender los abusos contra los jovénes. Y como nunca supieron porque exploté, las mil y una especulaciones sobre mi estado sería fuente de materia prima para muchas cosas, que no alcanza mi excesiva y abusadora imaginación.
La verdad no he explotado, me encuentro aqui vomitando ese malestar que se genera en mi estomágo, porque aquel pan light de molde, se vuelve adictivo si lo mezclas con palta. Al lado, Michelle dibuja algo que con poco ánimo dibuje para ella. En mi reproductor han sonado cuatro canciones, y no recuerdo ninguna.
Y todo! se resume a mi pesadilla, apostando puntos en un sitio web.
Mi mamá capto mi pensamiento fugaz, cuando tomabamos once. Fue extraña la sensación, como si ella pudiera ver a través de mi lo que pensaba. Con esto, entiendo perfectamente todo el miedo que vi en mis compañeros, cuando empezé a comentar lo que veia... mas allá de lo normal. Bueno, ella esquivpo el tema, y apuntó que no necesitamos de palabras para entendernos entre nos, entre brujas. Y menos, entre una madre e hija bruja.
Dentro de las cosas que estoy odiando, fue mi sobredosis de amiga por 5 días. Me dejó atascada en algun lind y tranquilo lugar de la playa, sin ganas de hablar, de comentar ni siquiera lo necesario. Sigo así, y terminaré explotando. Lata,puede que ocurra en el metro o en algún público, la gente tednría que comentar al llegar a sus casa, y otros reclamarían por el desorden,la suciedad, otros menos odiosos abririan una nueva causa para defender los abusos contra los jovénes. Y como nunca supieron porque exploté, las mil y una especulaciones sobre mi estado sería fuente de materia prima para muchas cosas, que no alcanza mi excesiva y abusadora imaginación.
La verdad no he explotado, me encuentro aqui vomitando ese malestar que se genera en mi estomágo, porque aquel pan light de molde, se vuelve adictivo si lo mezclas con palta. Al lado, Michelle dibuja algo que con poco ánimo dibuje para ella. En mi reproductor han sonado cuatro canciones, y no recuerdo ninguna.
Y todo! se resume a mi pesadilla, apostando puntos en un sitio web.
jueves 9 de julio de 2009
Si de todas las nuevas palabras que inventamos ese día, al menos café hubiera quedado grabada en el aire frío y denso de invierno, sin duda Bravissimo nos saludaría con cara de comercial. El nivel de discución creció cuando llegamos a la segunda calle, caminando por Provi, y nos encontramos de nuevo con dos tangentes: Shop Dog, Bravissimo, Shop Dog, Bravissimo. Para aquella tarde literaria, filosófica, atrevida y un poco fría, acordamos que lo principal era un café. Ante nuestra ignorancia sobre aquellas instalaciones modernas, que condensan el ambiente académico y top sobre libros taquilleros, que consistió principalmente en creer que aún era sabádo, aún era temprano y todo parecía cerrado. Nos topamos con un par de parejas, buscando intimidad tras las gotas de aguas de aquella fuente tremenda que captó mi atención durante un rato. Nos burlamos del panorama romántico, del tipo de películas felices y catartícas que promueve el cine hoy en día, aquel panorama que incluía la luna esquiva, la niebla condensada, la ciudad como un pasajero más de micros repletas, las luces tímidas de faroles oxidados y claro, el aroma peculiar de nuestro mapocho reprimido.
Tangentes aquellas dos instalaciones comerciales, se burlaba de nostros el café con luces llamativas de la esquina, del tipo clubnigth, reían a escondidas los maniquies de vitrinas oscuras. El estrecho santiago que empezaba al cruzar la iglesia, esperaba ansioso sentir las pisadas de dos extraviados. Y al parecer, en algún punto en común el café nos relegó la oportunidad de tener un final feliz. Lo pienso así, ya que estoy desesperada por correr tras las horas para, quizas alcanzar un poco de valentía ante las luces altas. Manipulo mis pensamientos, abstrayendo el aroma del café que quedo en la vitrina, del billete que jamás se me perdió y de aquella cajetilla que tuvimos que comprar en la otra opción. Imagina, que hubiesemos tenido el cálido y sabroso café en nuestras manos y reconstruyamos la historia desde ahí. Jamás hubiesemos llegado tan lejos, los literatos con onda, el sabor a Jazz que se respiraba y hasta la Copec que nos saludó burlona desde la esquina. Aún así, me cuesta pensar que todo fué por un café malvado, espumoso, caliente, sabroso, de vainilla, moccacino o algo parecido, de vasos plásticos, de tazas de vidrio, de tazitas de muñecas y los hilos colgando de las manos invisibles, sujetos a la chaqueta.
Y entre todo eso, tampoco pude dejar de pensar que la luna se vería, y ahi creo que se vería definitivamente, más blanca, redonda, y animosa desde la altura. Pienso, en ese segundo que cambió una luz, que cambió la respiración, que cambió el sentido del mundo, pienso realmente que el café hubiera sido una buena opción, que sin duda fué una buena opción. Y filosóficamente, mis neuronas vuelven a hipnotizar las luces blancas delante de mis ojos, vuelan todos, y el mundo se detiene precipitado por aquella fuerza extrahumana que sobresale desde algun punto del planeta, avanza en camára lenta.
El café hubiera sido, nada más, que otra piedra en el camino. El café nos espero en aquella sala fría y verde, a eso de las cinco de la mañana. Y no sabía a café, predominaba el sabor de los ojos acusadores, de las manchas en la piel, del abrazo juzgado, de los moretones y el final que no es tan así, final hacia la ruptura de todos los esquemas. Del mundo al revés, del café que vuelve al termo, al hervidor, al tarro metálico, la azúcar a su envase, el agua a la cañería, nos devolvemos.
Tangentes aquellas dos instalaciones comerciales, se burlaba de nostros el café con luces llamativas de la esquina, del tipo clubnigth, reían a escondidas los maniquies de vitrinas oscuras. El estrecho santiago que empezaba al cruzar la iglesia, esperaba ansioso sentir las pisadas de dos extraviados. Y al parecer, en algún punto en común el café nos relegó la oportunidad de tener un final feliz. Lo pienso así, ya que estoy desesperada por correr tras las horas para, quizas alcanzar un poco de valentía ante las luces altas. Manipulo mis pensamientos, abstrayendo el aroma del café que quedo en la vitrina, del billete que jamás se me perdió y de aquella cajetilla que tuvimos que comprar en la otra opción. Imagina, que hubiesemos tenido el cálido y sabroso café en nuestras manos y reconstruyamos la historia desde ahí. Jamás hubiesemos llegado tan lejos, los literatos con onda, el sabor a Jazz que se respiraba y hasta la Copec que nos saludó burlona desde la esquina. Aún así, me cuesta pensar que todo fué por un café malvado, espumoso, caliente, sabroso, de vainilla, moccacino o algo parecido, de vasos plásticos, de tazas de vidrio, de tazitas de muñecas y los hilos colgando de las manos invisibles, sujetos a la chaqueta.
Y entre todo eso, tampoco pude dejar de pensar que la luna se vería, y ahi creo que se vería definitivamente, más blanca, redonda, y animosa desde la altura. Pienso, en ese segundo que cambió una luz, que cambió la respiración, que cambió el sentido del mundo, pienso realmente que el café hubiera sido una buena opción, que sin duda fué una buena opción. Y filosóficamente, mis neuronas vuelven a hipnotizar las luces blancas delante de mis ojos, vuelan todos, y el mundo se detiene precipitado por aquella fuerza extrahumana que sobresale desde algun punto del planeta, avanza en camára lenta.
El café hubiera sido, nada más, que otra piedra en el camino. El café nos espero en aquella sala fría y verde, a eso de las cinco de la mañana. Y no sabía a café, predominaba el sabor de los ojos acusadores, de las manchas en la piel, del abrazo juzgado, de los moretones y el final que no es tan así, final hacia la ruptura de todos los esquemas. Del mundo al revés, del café que vuelve al termo, al hervidor, al tarro metálico, la azúcar a su envase, el agua a la cañería, nos devolvemos.
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